Otra vez, la entrada de hoy no es un relato. Estoy tan sumergida en la corrección de la novela que apenas tengo tiempo para escribir fuera de ella. Ni tiempo, ni inspiración.

Por eso, he decidido que antes de que se acabe el año quiero hacer una recopilación de todas esas cosas buenas que me han pasado estos últimos doce meses. O más. Porque para mí, el año no empezó ese uno de enero. Empezó cuando yo empecé a cambiar. Y desde hace un tiempo, he descubierto cosas maravillosas que he querido compartir aquí.

Ya que uno de los temas principales de este año ha sido la literatura, voy a empezar por descargaallí. Este año he empezado a escribir en serio. Como los escritores de verdad. He descubierto que solo era cuestión de encontrar con qué me sentía cómoda, de crear algo que yo estuviese dispuesta a leer. Y creer. Creer en cada palabra que escribía, porque, en el fondo, a escribir se aprende practicando. Le he dedicado tiempo, esfuerzo y ganas y estoy tan orgullosa de haber terminado La casa de los artistas que apenas me lo creo.

A raíz de volver a retomar la escritura, he encontrado una comunidad de lectores, escritores… que han sido como un bote salvavidas. He conocido a gente nueva, de muchos sitios, gente diferente, personas que me han descubierto sus historias para inspirarme. Han sido pequeños soles en este viaje y gente que, aun estando a muchos kilómetros de mí, me han demostrado que todo se puede. Me gustaría recalcar a tres personas. Por un lado, Antonia; fue la primera, el primer contacto que tuve con gente como yo, gente que amaba escribir, que ponía empeño en lo que quería. Me ha ayudado
muchísimo con la corrección de la novela, además de que siempre ha creído en mí.

Por otro lado, está Bea. ¿Qué decir de ella? Yo la seguía desde hacía bastantes años, había leído sus novelas, había leído sus pensamientos. Y, ahora que he hablado con ella, puedo decir que hasido de lo mejor de este año. Es la persona más dulce que he conocido en mi vida, un autentico apoyo en todos los sentidos y un gran ejemplo a seguir. Estoy muy orgullosa de ella y de todo lo que ha conseguido, además de la gran fuente de inspiración que ha sido para mí estos últimos meses.

Y, por último, Ana. La conocí gracias a Bea y no me extraña que sean amigas. Al igual que ella, Ana es un cielo, una persona con un enorme corazón y con muchas ganas de luchar. Inspira, en todos los sentidos en los que alguien puede inspirar. Además, su blog ha sido de gran ayuda, y sus proyectos literarios, el empujón que necesitaba para volver a retomar los relatos.

Dejando la escritura un poco apartada, hay muchas lecturas que me han marcado este año. No sería yo sin hablar de libros. Como no quiero enrollarme, si he hablado de ellas en Goodreads, os dejaré el link. Las novelas son: Los Adivinos, de Libba Bray; El Ruiseñor, de Kristin Hannah; El sabor de tus heridas, de Victoria Alvarez; The rest of us just live here, de PatrickNess; y Cómo ser mujer, de Caitlin Moran.

¡He retomdsc_0202ado teatro después de muchos años! No podría estar más contenta con mi grupo, con las clases, con todo lo que estoy aprendiendo. Es increíble. He seguido haciendo dantzas, pasando los viernes a la tarde con mi grupo. Me he abierto el blog, he aprendido a compartir, a perder el miedo a que me lean. He visitado los países que más ilusión me hacía este verano; he conocido Praga, la ciudad más bonita que he visto en mi vida; he estado en Austria, con sus paisajes; en Baviera, con sus castillos de cuento.

He podido ver a una de mis mejores amigas después un año —y cinco años antes de ese— sin vernos. He seguido coleccionando buenos momentos con mis
amigas
: me fui una semana con ellas a Hendaya, fuimos a img-20160502-wa0000Madrid a ver a uno de mis grupos favoritos y volvimos en octubre a ver otro, el cine y las cenas, los batidos cuando no hay nada que hacer. Me han estado apoyando un año más y no podría estarles más agradecidas.

Definitivamente, puede que el año no haya sido bueno, puede que los momentos malos superen en cantidad a los buenos, pero son estos últimos los que quiero recordar, los que quiero que perduren para mirar hacia atrás y darme cuenta de que, en el fondo, he tenido mucha suerte.