Creo que este es un tema al que todas las personas que escribimos le damos vueltas y después de leer una entrada parecida en el blog de Andrea Tomé (recomendadísima, os la dejo aquí), me ha parecido importante escribir una yo dadas mis circunstancias últimamente.

Desde que comenzó el mes de julio y terminé la primera corrección fuerte de La Casa de los Artistas, decidí ponerme a tope con la documentación del Proyecto Destino y durante varias semanas acaparó toda mi atención. Me pasaba las mañanas enteras leyendo sobre la época, buscando los pequeños detalles que se me escapaban… En definitiva, me entregué completamente a esa novela.

Pero esta última semana han surgido nuevas cosas que, aunque también tienen que ver con la escritura, no están tan relacionadas con la acción de escribir como tal. Y sí, implicaban a La Casa de los Artistas o a otros proyectos, pero yo sentía que no estaba trabajando, que estaba desperdiciando el día. A pesar de invertir una gran cantidad de horas en eso como no estaba ni planificando, ni documentando, ni escribiendo, mi mente daba por hecho que no era válido.

¿Lo mejor? Que ahora al pararme en seco, no recuerdo en mi vida un mes con tanta actividad mental con respecto a la escritura como la estoy teniendo en este. Me duermo pensando en los proyectos que tengo en mente, se me ocurren ideas constantemente, me fijo en cada detalles de cada cosa que veo, leo o escucho para tratar de utilizarlo en mis novelas o escritos… En definitiva, aunque no esté sentada en una silla, en el escritorio y aporreando las teclas del ordenador sin cesar, estoy trabajando. Y cuando me canso, me merezco un descanso igual a que si llevara horas sin parar de escribir.

Y todo esto, ¿por qué? A causa de lo que os he dicho antes y como sentía que lo que estaba haciendo no era trabajo de verdad, estos días que he estado muy cansada no me permitía descansar porque “no he hecho nada en toda la semana”. Está bien si a veces necesitas un día de completo descanso (de verano de verdad, no de nuestro verano de escritoras), o si se alarga a dos. Hay que ser objetivo con la cantidad de trabajo de uno mismo y, a veces, como no tenemos horarios y escribimos en cualquier momento, se nos olvida que es cansado y que necesitamos un respiro. Nuestra mente (y nuestro cuerpo) nos lo agradecerá y, además, volveremos con las ideas mucho más frescas.

Soy consciente de que quizás alguien hace lo mismo que yo y no se cansa y eso también está bien; es trabajo de cada uno ponerse los límites que uno vea y no compararse con el ritmo de otra persona, porque no deja de ser eso: otra persona. Y, una vez más, hablo de la escritura porque es el campo que me concierne, pero esto es para todos y todas las artistas: valorad vuestro trabajo como lo que es; un trabajo, y permitios descansar como lo harías con cualquier otra tarea. Bastante nos minusvaloran ya desde fuera.