Me sorprendo cuando escribo,

cuando las palabras salen y manchan mis dedos de tinta.

Los uso para colorear el mundo

y tachar, en realidad, los colores.

Las letras se mezclan menos en el papel,

ahogan menos cuando no me rodean el cuello,

cuando están muertas en mi boca.

Me sorprendo cuando callo

cuando dejo que ellas me gobiernen

y me convierto en un silencio más en la partitura.

Ahora la tinta lo cubre todo,

corre espesa por mi garganta

y me gustaría decirme que no soy

que eres tú.

Me sorprendo cuando soy consciente

y no eres tú

y no soy yo

y no tengo voz para gritarlo.