(Vamos a quitarnos rápido la introducción para ir al grano)

Junio se me ha pasado volando con las correcciones de la novela (que para los más perdidos, sale en septiembre y tenéis más información aquí), así que espero que julio sea el mes en el que por fin descanse y escriba y esté más presente por aquí.

También quería recordaros que aún quedan once días para participar en la cuarta antología del blog y que mañana, 2 de julio, estaré en Twitter con uno de los protagonistas de La Casa de los Artistas para responder dudas sobre la novela.

Dejando toda esa información atrás, la entrada de hoy es sobre mi rutina y hábitos de escritura ahora que ha llegado el verano, además de algunos consejos. También os enseñaré lo que uso para escribir, así que es un poco idea de Alicia Gadi, que hizo una entrada parecida que podéis leer aquí.

Soy una persona de mañanas completamente y es algo que me encanta y odio al mismo tiempo. Mi cerebro tiene su máxima de rendimiento entre las seis y las doce de la mañana, lo que durante el curso no está mal porque no me importa madrugar, pero en vacaciones ya me molesta más. Para encontrar un equilibrio, suelo despertarme sobre las ocho de la mañana y me pongo a escribir inmediatamente. Por eso, mi primer consejo es que busquéis, ahora que tenemos más tiempo, las horas en las que escribís con más fluidez. Durante el año yo tenía que emplearlas para estudiar, pero ahora se las dedico a corregir y escribir.

Una vez me levanto, enciendo el ordenador, despejo el escritorio (porque es tan pequeño que si no, no cabe) y busco mis libretas. Tengo una grande en la que está todo lo referente a La Casa de los Artistas y algún que otro proyecto más pequeño, como relatos y así; y otras dos en las que guardo tanto el Proyecto Destino como el Proyecto Secreto. Además, tengo una que estoy usando de agenda de verano y ese es el segundo punto de mi rutina: antes de sentarme a escribir, me apunto en la agenda que lo voy a hacer. Aunque sea lo único que tengo planeado ese día.

Por fin me siento en la silla, abro Scrivener y… Me quedo en blanco. Siempre me ocurre. Tengo que recurrir a la libreta en la que tengo apuntado lo que va a ocurrir y muchas veces, aunque es algo que intento evitar, releo lo que he escrito el día anterior. Para refrescar la memoria y volver a meterme en la voz de los personajes, más que nada. Y digo que intento evitarlo porque si empiezo a releer, voy a querer corregirlo y entonces no voy a escribir nada, solo voy a retocar lo que ya está escrito. Así que otro consejo es que, a menos que tengáis un autocontrol tremendo, tratéis de no leer lo anterior o, al menos, lo hagáis con la promesa de no empezar a corregir. Ya habrá tiempo para eso, de verdad.

Mientras escribo suelo estar bastante concentrada (menos si tengo que hacerlo a las tardes, que mi sombra me entretiene más). Me pongo música en Spotify (Beatriz Esteban tiene unas playlist maravillosas que os dejó aquí, aunque mi favorita es Popurrí de música para escribir), los cascos y me centro en la escritura completamente. Necesito tener agua cerca porque estaría levantándome cada dos minutos, la libreta al lado (aunque una vez empiezo, no suelo echarle muchas ojeadas) y el móvil cerca, porque de vez en cuando sí que le echo vistazos rápidos a Twitter y busco información o consejos en Internet. Lo importante es que mi pantalla de Scrivener esté permanentemente abierta, porque si no, ya es el fin.

Por último, quería deciros que es muy importante que encontréis el procesador de textos que mejor os vaya, porque para mí ha significado la diferencia. Antes escribía con Word, pero para mí no es funcional. Yo soy demasiado organizada, necesito tener todo en carpetas, subcarpetas y archivos y Word no permite eso en el mismo documento. En cambio, en Scrivener puedo dividir la novela en pequeños documentos que en mi caso son los capítulos (aunque sé de gente que divide hasta las escenas), tener carpetas de documentación, comentarios al lado, la pantalla dividida… Para mí ha sido lo que ha hecho que me meta más en la escritura y que pueda escribir con más fluidez. Pero, claro, no somos iguales así que cada uno tendrá sus manías a la hora de escribir y es imprescindible conocerlas.

Y bueno, aquí os dejo lo que uso para escribir en una foto.