*Advertencia: La entrada es casi más para mí que para nadie así que puede resultar algo caótica. Espero que lo entendáis*

No estaba segura de si titular esta entrada  Me he olvidado de escribir o  El miedo a la hoja en blanco. La cuestión —y el problema— es la misma: me planto frente al ordenador y siento que he «desaprendido» todos los conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo del tiempo.

Como muchos y muchas sabréis (porque soy algo pesada en Twitter e Instagram), ahora que se acerca la fecha de publicación de La casa de los artistas y que ya quedan menos correcciones por delante, me he embarcado al fin en la escritura de mi nueva novela: Proyecto Destino.  La idea principal surgió hace dos años y ha ido evolucionando hasta lo que tengo ahora. La cuestión es que hace un par de meses traté de ponerme a escribir sin documentación ni planificación y tan solo llegué al cuarto capítulo, porque la ambientación me cojeaba por todos lados. Ahora que me he documentado, que tengo todos los capítulos de la novela pensados y las ganas de escribir me salen de todos los poros de la piel, se me ha presentado otro reto.

Y es que reescribir esos cuatro primeros capítulos en base a lo nuevo que había aprendido resultó ser relativamente fácil (y digo relativamente porque tampoco fue un camino de rosas). Pero cuando llegó el momento de escribir desde cero, mi mente se bloqueó. Nunca he sido excesivamente perfeccionista en cuanto a la escritura se refiere; escribía lo que me salía y, aunque intentaba hacerlo lo mejor posible, normalmente no me detenía demasiado con cada frase.

Con este proyecto, en cambio, eso es exactamente lo que hago. Me puedo pasar quince minutos enteros meditando una única frase, un único párrafo, intentando que quede todo lo más «perfecto» que pueda. Soy consciente de que es el primer borrador y que aún podré pulirlo en las correcciones, pero me aterroriza que no sea Lo Mejor (en mayúsculas). Cuando tengo un capítulo que reescribir, es más sencillo; tengo una frase sobre la que partir y no me cuesta tanto cambiar las palabras u el orden de estas. Cuando tengo la hoja en blanco… Todo cambia.

Siento que tras tantos meses sin poder escribir, he perdido la capacidad de hacerlo. Reescribir lo que ya pensó y plasmó la Aintzane del pasado no es lo mismo que sentarme frente al ordenador y teclear un capítulo del que solo tengo una idea. Me cuesta horrores empezarlo y después, me cuesta horrores transmitir con palabras lo que en mi mente parecía tan perfecto.

Todavía estoy luchando contra ello, pero me he dado cuenta de que no he olvidado cómo escribir, solo lo tengo un poco dormido. Sigo sabiendo expresarme en papel, sigo creando historias y personajes, sigo dándoles vida. Lo que me detiene no es el desconocimiento, es el miedo. Y si algo he aprendido es que el miedo se cura pasándolo. Me costará escribir el próximo capítulo, quizás los próximos tres, o diez, pero cada palabra nueva en el contador es un poco menos de miedo para escribir la siguiente.

Así que moraleja: no tengáis miedo a escribir porque un borrador se puede editar y una hoja en blanco no.