*Advertencia: esta entrada puede ser caótica. Por favor, no seáis muy duros*

¡Hola a todo el mundo! Hoy voy a ir directa al grano y es que os voy a hablar de uno de los mayores quebraderos de cabeza de cualquier escritora o escritor: los personajes. Y es que, ¿qué es una novela sin unos buenos personajes? Una trama no avanza sin esas personas que la hagan avanzar, así que hoy voy a daros unos consejos inexpertos de una inexperta para conseguir esos personajes que a todos nos gusta leer y nos gustaría escribir.

Soy alguien terrible en este tema; siempre me surge una idea para una historia y después tengo que comerme la cabeza para lograr los personajes perfectos que encajen en ella. Así que, aquí va mi primer consejo: aunque la chispa nazca de algo que no tenga que ver con los personajes, desarrolladlos antes que la trama. Porque, como bien dijo Andrea Tomé en Twitter, son estos los que mueven la historia y no al revés.

Como también soy terrible en inventarme caras, lo primero que hago es buscar en Pinterest imágenes hasta que voy formando una descripción más o menos clara de cómo van a ser. Y Pinterest no es lo único que miro, porque dejar a mis personajes sin nombre me parece demasiado cruel, así que las páginas de nombres para bebé son mi salvación. Y la de cualquiera, creo yo.

Vale, ya tenemos una descripción física y un nombre. Y ahora, ¿qué? Pues ahora toca empezar a dibujarlos de verdad. Primero necesito una base sobre la que trabajar, así que me esfuerzo por describir con tres palabras a cada personaje y uso ese molde, algo muy sencillo, para empezar a desarrollarlos.

Comienza la diversión: los junto a todos en diferentes situaciones y los hago reaccionar. Da igual que todas esas escenas y vivencias no vayan a salir después en la novela, pero me sirven para ir viendo poco a poco qué rasgos nacen en mis personajes. Los dejo que fluyan en mi cabeza, que hablen, que discutan, que rían…  A veces soy yo la que mantiene conversaciones con ellos. Me ayuda a conocerlos como conocería a una amiga, a una compañera. Aquí saldrán los miedos, los defectos, los deseos y los puntos fuertes de cada uno. También es muy útil para descubrir qué gestos los caracterizan y de qué forma hablan. Es algo increíble. Suena raro, ¿verdad? Os prometo que este paso los vuelve reales, personas tangibles de carne y hueso y no meras figuras de humo en mi cabeza.

Ahora sólo queda ahondar todo lo que uno quiera. Yo empiezo a divagar y hago test de personalidad con ellos, metiéndome en su piel para responder. Les asigno una casa de Hogwarts (sí, por supuesto), una comida favorita, un lugar favorito, un libro… Los pequeños detalles que nos hacen diferentes e iguales al mismo tiempo.

Ya tenemos un personaje. Pero… Un último consejo: al igual que las personas, nunca están acabados. Son dinámicos, cambian y los irás descubriendo a medida que avances en la historia. Nunca esperes conocerlos del todo, mucho menos controlarlos.