¡Hola a todo el mundo! El domingo pasado no hubo entrada, así que decidí que en honor al CampNaNoWriMo (en el que por cierto, estoy participando y subiendo mis avances a Twitter), este mes habría dos entradas semanales siempre que pudiera: una los miércoles (la de hoy) sobre narración y otros temas relacionados con la escritura y la lectura; y otra entrada los domingos para hablaros de cómo me ha ido esa semana con el reto (ya os adelanto esta: mal).

¡Vamos a empezar!

¿A qué me refiero cuando hablo de los cinco sentidos en la escritura? Bueno, estoy segura de que la gran mayoría de gente que escribe, tiene grabado a fuego el dicho “Show, don’t tell” que viene a decir que en la escritura algo muy importante es mostrarle al lector lo que quieres que vea y sienta, no contárselo. Por ejemplo, en una escena en la que nuestro personaje se enfada, la persona que lo está leyendo se quedará más apática si le decimos que “tal personaje está enfadado” que si le mostramos cómo a ese mismo personaje se le enciende la cara de ira, aprieta los puños con fuerza o le rechinan los dientes. Eso enriquece la narración y nos acerca más al lector.

Como todas las reglas, esta a veces también hay que romperla. Pero hoy estoy aquí para explicaros cómo a mí ser consciente de todos los sentidos (vista, tacto… ya sabéis, eso que se enseña en primaria) me ha ayudado a mostrar más y contar menos.

A mí era algo que me costaba (y me cuesta aún) mucho, porque implica sentarse delante del ordenador o la libreta y tener que escoger meticulosamente las palabras que vas a utilizar, cambiarlas cuando no cuadren y darle vueltas y vueltas a lo mismo hasta que consigues plasmarlo como querías. Así que, para empezar, yo creo que lo más importante es colocarte en la situación que quieres narrar o describir. En mi opinión, es así de vital porque si trabajas esa escena desde fuera, es como si estuvieras viendo una película en mute; sólo puedes percibir lo que tus ojos ven y eso te limita mucho. Si estás dentro de esa escena, es más fácil que se despierten en ti otros sentidos además de la vista. Con esto no quiero decir que si, una vez más, vuestro personaje está enfadado, vosotros tengáis que poneros a dar golpes a la pared  o gritar a nadie. Simplemente, usad la imaginación (y una buena música en algunos casos) para poneros en el lugar o en la piel del personaje sobre el que queréis hablar.

Y una vez que estáis allí, ¿qué? Ahora es cuando empezamos a jugar con los sentidos. Es el momento en el que tenéis que ir uno por uno (sí, uno por uno) hasta ser capaces de describir con palabras lo que os transmite esa situación. Aunque, quizás luego lo que estéis poniendo con palabras ni siquiera vaya a salir en la novela. Es, simplemente, imaginarse cómo olería el lugar (la situación, la escena), es decir, si el ambiente tiene olor a sudor, huele a limpio, huele a humo, a lluvia en la ciudad, a lluvia en el campo…  Es imaginarse cómo se sentiría tocar la barandilla húmeda a nuestro lado, el brazo de la persona de delante, la hierba entre nuestros dedos en un picnic en el campo. También es fijarse en lo que se escucha, porque puede ser el barullo constante de una ciudad, o el arroyo corriendo unos metros más allá. Quizás el más difícil de usar sea el gusto, pero eso solo es jugar y manipular un poco más la situación hasta que lo logremos (o no, no siempre tienen que estar presentes todos). También, por supuesto, se puede describir lo que se ve. No es eliminar completamente uno de los sentidos por usarse demasiado, es saber jugar con los cinco.

Una vez sabemos cómo describir la situación usando todos los sentidos, hay que decidir cuáles van a quedar plasmados en la novela y cuáles no. Algunos quizás son innecesarios porque se pueden sobreentender mediante otro de los sentidos, o tal vez no quieres ponerlos porque sería recargar demasiado la descripción y ya se consigue una inmersión en el lugar sin ellos. También es el momento de escoger las palabras adecuadas para describir los que has decidido usar, porque otra vez más “Show, don’t tell”. No es lo mismo hablar de que huele bien o huele a pan o decir que “en el ambiente se respiraba el olor a pan recién horneado y casi podía sentir el crujir de su corteza a través de él”. Aunque sea un ejemplo muy cutre.

6

Y hasta aquí mi inexperta aportación al tema. Aun así, es lo que me ha ayudado, desde mi punto de vista, a enriquecer mis textos y estoy muy orgullosa de seguir mejorando en ellos.

Mucha fuerza y ánimos a las personas que estés participando en el Camp NaNoWriMo y no os olvidéis de que este domingo hay otra entrada más.