¡Hola a todo el mundo!

Hoy traigo una entrada un poco diferente a lo que suelo hacer, pero creo que es la que más trabajo me ha llevado y una a las que más ilusión le he puesto. En Twitter Alicia me recomendó que subiera una entrada sobre el euskera, ya que yo lo hablo, y me pareció que era una gran idea si conseguía escribir algo que no fuera una clase de lingüística. Especialmente porque, y quiero que quede claro, no soy lingüista, no estudio filología o cualquier otra cosa relacionada con el tema y todo lo que plasme aquí será desde mi investigación por Internet y mi propia concienciación. Si alguien encuentra cualquier tipo de error, que se sienta libre de ponerlo para que pueda remediarlo.

¿Y qué se me ocurrió?

No soy la única que estos últimos meses, a raíz, quizás, de conocer a bastante gente no binaria, ha empezado a cuidar más su lenguaje y forma de expresarse, para ser todo lo inclusiva que pudiera. Aun así, es cierto que lo que está ahora estipulado por la RAE nos limita mucho a la hora de hablar, especialmente en plataformas más formales como lo podrían ser la literatura y los blog. Y, mientras el lenguaje cambia y espera a ser recogido en nuevas normas, nos las tenemos que apañar.

Entonces, pensé que cuando escribo en euskera apenas tengo ese problema. Y se me encendió la bombilla.

Hoy vengo a hablaros del euskera como un idioma más inclusivo y por qué es útil para mí a la hora de escribir (novelas y relatos, se entiende, aunque puede ser en general). Al final de la entrada habrá un pequeño fragmento de algo mío en euskera comparado con el mismo fragmento en castellano.

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¿Por qué me atrevo a decir que el euskera es un idioma más inclusivo o neutro?

Partimos de la base de que, estando en una sociedad binaria, el propósito del euskera no fue incluir a esos géneros que se escapan de lo que consideramos la norma, pero de alguna forma lo hace. Y es que, el euskera no tiene declinaciones de género.

Las palabras en este idioma no se clasifican según se refieran al género masculino o femenino, suele haber una única palabra que engloba el concepto. Poniendo algún ejemplo de palabras que en castellano, aún existiendo para referirse a las mujeres, suelen usarse en masculino tenemos médico, jefe, alumno, profesor, amigo, entre otros. En euskera, tanto para hombres como para mujeres (y como no se especifica, también para géneros no binarios) serían medikua, buruzagia, ikaslea, irakaslea y lagun. ¿Y el polémico término “portavoza“? En euskera sería simplemente bozeramailea. Sin importar la persona que lo sea.

Aun así, como en casi todo, hay excepciones de palabras que son diferentes para ambos sexos y que, por lo tanto, excluyen a todo aquel que no se ajuste al binarismo. Aquí tenemos ejemplos como hijo (seme) e hija (alaba); padre (aita) y madre (ama), rey (errege) y reina (erregina); chica (neska) y chico (mutil)… Como podéis ver, estas palabras no tienen la misma raíz (salvo rey y reina) y son completamente diferentes entre ellas.

¿Lo mejor? Que el primer grupo es fácil de poner en plural sin caer en el masculino, ya que no hay masculino y femenino. Con añadir la terminación -k (sin entrar en demasiados detalles) ya lo tendríamos: medikuak, buruzagiak, lagunak, bozeramaileak, ikasleak y irakasleak. Y en el segundo grupo, sería más cómodo usar ese masculino genérico añadiendo la misma -k al final de todas las palabras referidas a ese género. No ocurre así y el plural se construye con las dos formas: seme-alabak; errege-erreginak, neska-mutilak (nada del famoso “chicos” en una clase a tope de chicas). En euskera tampoco se tienen aitak, es decir, padres (que se olvida de la madre), sino que se tienen gurasoak. Usar el másculino para el plural no está admitido (y, aunque lo estuviera, a cualquier hablante de euskera le sonaría terriblemente mal).

Cayendo en ejemplos bastante sencillos y simples (pero que son la norma), la gran mayoría de adjetivos tampoco tienen género, como polita (bonita o bonito), itsusia (feo o fea), azkarra (rápido o rápida / listo o lista), motela (lento o lenta)

Pero, sin duda, noto mucho la diferencia en cuanto a determinantes y pronombres respecta. La tercera persona no tiene género, a diferencia de en castellano, y podemos referirnos a ella, él o elle diciendo bera o hura (sinónimos) y a ellos, ellas y elles (sin caer en el plural en masculino) con haiek. Esto no es “mío” o “mía”, es nirea y da igual que lo que es mío sea mi hermano o mi hermana. “Muchas” o “muchos” es siempre asko (ugari, pila bat...) y el complicadísimo “todos” (masculino, cómo no) es guztiak.

¿Qué es lo que esto implica?

La ausencia de declinación de género nos da una gran facilidad al expresarnos sin tener que tener cuidado del ambiente en el que nos movemos. Es decir, hay que andar siempre con cautela para no caer en errores y eliminar sistemáticamente de nuestro discurso a toda la gente no binaria, pero es difícil mantener la “-e” cuando, al no estar admitido, se corrige en muchos ambientes. Es más sencillo usar una palabra en euskera que tener que repetir todo el rato la palabra en ambos géneros, es cierto, pero eso no es excusa y es algo que todos deberíamos hacer, al igual que tratar de cambiarla por una neutra siempre que sea posible. Son pequeñas cosas que el euskera nos facilita pero que en castellano no son más que unos simples gestos que ayudan mucho.

Pero, todo esto no es por nuestra comodidad. Un idioma más inclusivo y neutro (como podría ser el castellano si el uso de la “-e” se aceptara) no es para que nosotros tengamos que tomarnos menos molestias para hablar, sino que es algo esencial para no molestar, incomodar y violentar a la gente no binaria. Mediante el euskera, por ejemplo, podría dirigirme a una persona desconocida sin presuponer su género (y si lo tiene) y hacerle pasar un mal rato.

En la literatura es útil del mismo modo en el que lo es en la realidad, aunque además añade el factor de que puedes escribir sobre alguien sin desvelar si esa persona es mujer, hombre o no binaria hasta el momento en el que lo decidas.

¿Quiere decir esto que el euskera es el idioma perfecto y que ahora todo el mundo tiene que aprenderlo?

Por supuesto que no. Sobra decir que este idioma se creó en una sociedad binaria y patriarcal y que, como cualquier otro idioma, queda marcado por ello. Esta neutralidad no es fruto de un movimiento, como lo podría ser la “-e”. Es más inclusivo, pero no lo es completamente. Eso se ve en las palabras nombradas antes, diferentes para el masculino y el femenino pero sin una que incluya lo que se sale de esos dos géneros.

También es un idioma machista, como todos, y es que hay palabras sin género que por su significado se asocian a lo que suponemos que es “femenino” y “masculino”. También hay palabras, aunque cada vez menos o se usan pocas veces, que chirrían un poco una vez que empiezas a analizarlas: en euskera, hace un tiempo especialmente, se usaba maistrua (maestro) para referirse a un profesor hombre y, en cambio, una profesora era andereño (señorita). No hay que explicar qué es lo que no encaja aquí.

Es un idioma al que todavía le queda mucho por mejorar y evolucionar y que espero que lo haga, porque ya parte de una gran ventaja que haría las cosas mucho más fáciles.

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Os dejo con el fragmento escrito en ambos idiomas, además de un pequeño análisis. En este no he incluido las palabras que en castellano tienen género pero en euskera no pero no se refieren a personas, porque sería eterno. Además, he intentado ser más “justa” con el castellano, tratando de ser lo más inclusiva posible dentro de los límites y usando palabras con género definido únicamente cuando era estrictamente necesario.