Por suerte o por desgracia, vuelven las entradas sobre escritura al blog.

Y vuelven porque yo misma he vuelto a la escritura. Si me seguís la pista en Twitter, ya lo sabréis, porque he ido compartiendo mis avances a lo largo de este mes en el que me he vuelto a sumergir de lleno en escribir el #ProyectoDestino. No lo he hecho a diario, pero sí durante un gran porcentaje de días y gracias a esa constancia he ido aprendido pequeños trucos, la mayoría muy obvios, que me han estado ayudando a avanzar.

Así que, por muy tontos que puedan parecerme a mí o a cualquiera, creo que son cosas que realmente han sido útiles y no está de más compartirlos.

  • Ten una escaleta. Ya lo sé, ya lo sé, la eterna confrontación entre las escritoras de mapa y las de brújula. Y las de puzzle y mil métodos más. No es un secreto que yo planifico al dedillo lo que voy a escribir antes de ponerme a ello, aunque ese contrato con mis personajes y mis tramas no es inamovible y a medida que avanzo ocurren cambios. Pero tener un pequeño (o no tan pequeño) esquema es siempre útil. Incluso si eres brújula. Sabrás, al menos, cuál es el objetivo de tus personajes, ¿no? Aunque desconozcas si lo lograrán o no. Tener claros algunos puntos de las tramas me ha servido para ver si las relaciones entre personajes se desarrollan bien, especialmente al tener narradores alternos, y si no están demasiado espaciadas sus interacciones o si van a la velocidad adecuada.
  • Apunta. Soy partidaria de un primer borrador imperfecto que luego se pule y se pule con las correcciones. Es más, me gusta mucho corregir y darle repaso tras repaso al manuscrito hasta que consigue ser lo que yo tenía en mi cabeza en un principio (o una aproximación nada desdeñable). Pero, al mismo tiempo, no me gusta escribir por escribir y pienso cada palabra que pongo antes de escribirla. Es un proceso lento pero, para mí, muy satisfactorio. Aun así, cometo decenas de errores en cada capítulo o siento que lo que estoy escribiendo de alguna manera no encaja, ya sea por tono, por estilo… Intento darle una solución, pero no siempre es posible o simplemente que no está bien pero, al mismo tiempo, es lo mejor que puedo ofrecer en ese momento. Cada vez que ocurre eso lo apunto inmediatamente en un comentario para que al momento de corregir, lo vea con otros ojos y decida si, efectivamente, es algo en lo que trabajar o, por el contrario, no era más que la percepción que tenía al estar demasiado absorta en la novela.
  • Me repito más que el ajo. Y seguramente sea un problema de cualquier persona que escriba. Repito expresiones sin parar (no quiero ni contar cuántos “No pudo evitar” he escrito), descripciones (¿mis favoritas? Cualquiera que describa el cielo o “el ambiente”) y a veces me agarro a palabras y me niego a usar sinónimos de ellas. Es el momento de apuntar todo eso, marcarlo, mientras te das cuenta de que te has reiterado hasta el infinito. En la corrección podrás ver en qué momentos usas tales repeticiones y decidir cuáles cambiar.
  • Usa sinónimos. Vaya, Aintzane, qué obvio. Pues sí, qué obvio. Mucho. Pero es algo que yo no hacía. No me malinterpretéis, sí que recurría a veces a ellos, pero ahí está la clave: a veces. Ahora no escribo sin una página de búsqueda de sinónimos al lado. En esta novela he gastado y re-gastado todos los sinónimos habidos y por haber de “rojo”. Y si no los hubiera buscado, me habría dedicado a repetir ese color y “escarlata” durante toda la historia. Usad sinónimos, niñas.
  • Conoce a tus personajes. Especialmente si es una novela coral en la que es muy importante diferenciar las voces narrativas, es importante conocer a los personajes. Es un proceso gradual y por mucho que creamos conocerlos al empezar la novela, siempre nos sorprenderán. A mí me están sorprendiendo. Por eso a veces todavía pierdo sus voces y tengo que hacer un esfuerzo para recuperarlas. Para eso, en cuanto noto ese alejamiento, esté dónde esté del capítulo, sigo escribiendo sin reparar a la planificación que tenía para esa escena. Sigo escribiendo, tirando de lo que me pida lo anterior, sin pensar en nada más que en recuperar la voz. Luego puede que lo que haya escrito tenga cabida en el borrador, pero la mayoría de veces se va directamente a una carpeta aparte. Aun así, no es tiempo perdido: vuelvo a estar cómoda escribiendo a esos personajes. Y a medida que avanzo con la novela, cada vez necesito recurrir a esto menos a menudo.
  • Comparte. Para mí es útil que un grupo reducido de personas (1 o 2, como mucho) vayan leyendo lo que escribo mientras lo escribo. Cada pocos capítulos se lo mando y recibo un feedback que me ayuda a ver si estoy yendo en la dirección correcta o me estoy desviando de mi objetivo. También es muy útil para saber si lo que tú has escrito es comprensible para una persona ajena a la historia y me sirve para redirigir mis esfuerzos en una dirección concreta. Además, me empuja a seguir escribiendo el saber que a alguien le puede estar gustando, más o menos, la novela. A todo el mundo no le funciona este método, pero en cualquier caso, no se pierde nada por probar. Y si no, simplemente el hecho de hablar de tus proyectos es un gran incentivo para seguir adelante; yo he estado compartiendo cada día una pequeña reflexión sobre lo escrito en este hilo de aquí.

¡Y eso es todo! Espero que haya sido mínimamente útil y podéis preguntar cualquier duda tanto por aquí como por mis redes sociales.