Y con este pequeño relato, inauguro el blog. Espero que lo disfrutéis y que sigáis leyendo.

Había un enorme torbellino sobre la torre. ¿Quién lo iba a decir? Sus piedras ennegrecidas por el moho se habían vuelto resbaladizas, trampas mortales contra los peligros del exterior.tumblr_static_filename_640_v2

Las malas hierbas habían matados los rosales, sus espinas no habían sido suficientes para proteger la torre. Pero habían dejado allí las flores blancas, sucias por culpa de la lluvia y el barro, para recordarle a la torre lo que una vez fue y lo que se perdió con el tiempo.

El problema era que no había torre. No, solo estaba ella. Y ella era como una torre, pero no lo era. Sus paredes eran su piel, blanquecina y frágil por fuera, pero con esa capa resbaladiza que todo lo rechazaba. La angustia, la ansiedad, habían ido recorriendo su cuerpo, desde los pies hasta extenderse hacia la cabeza. Las burbujas de ese miedo se habían convertido en mariposas que hacían el doble viaje de ida y vuelta, desde su cabeza hasta que le rozaban la yema de los dedos con su aleteo.

No había sido siempre así. Una vez, ella fue una torre fuerte, brillante. Se había alzado con orgullo y había demostrado que ella no se iba a quedar atrás. Pero, ¿qué había pasado?

Había pasado que la vida continuaba y que ella había logrado alcanzar el ritmo por unos instantes, quedándose a la deriva cuando perdió su efusividad. Había pasado que se había recluido en sí misma y no había cuidado la torre, no se había cuidado, había perdido. Porque se había dado un descanso demasiado largo de las cosas que la mantenían al flote: había abandonado el mundo alternativo de los libros, había olvidado el chocolate y el zumo por las mañanas, el agua fría cuando hacía calor y las duchas calientes cuando hacía frío. Se había olvidado de vivir.

Y era demasiado tarde para recuperarse. O tal vez no.