¡Hola a todo el mundo! Después del intenso mes del CampNaNoWriMo (que no cumplí), vienen con fuerza los exámenes, así que espero que perdonéis que no pueda prometer una entrada semanal.

De momento ya os he hablado de cómo es mi proceso de creación de personajes y de cómo es mi proceso de documentación y planificación de una novela y ahora viene la parte más dura: la corrección. Hay gente que lo adora (yo, por ejemplo) y gente que con solo escuchar la palabra se asusta. Es duro ponerle punto y final a tu primer borrador y darte cuenta de que no está, ni de lejos, terminado. Hoy voy a hablaros de cómo lo reviso y le doy forma hasta que queda algo más decente.

Para empezar, soy de las personas que dicen que el único fin del primer borrador es existir. No ser perfecto, ni ser definitivo, solo existir. Por eso, mi primera regla a la hora de corregir es que mientras estoy escribiendo, nunca me paro a releer y corregir. Apunto todo lo que creo que voy a tener que revisar una vez termine, pero me centro en eso; en terminar.

Así que, una vez que ya tengo el primer borrador, lo primero que hago es darle algo de tiempo. La gente dice que tienen que ser meses, pero normalmente yo no tengo esa paciencia y apenas puedo llegar a las tres semanas o al mes. Al menos, me pongo como mínimo 20 días antes de ponerme a corregir. Entonces empieza mi proceso.

Para empezar, leo la novela de principio a fin como lo haría una persona ajena a ella. No lo hago buscando errores, porque los de la trama, personajes… saldrán solos y los más pequeños los reviso unas fases más tarde. Aquí es cuando me doy cuenta de qué incoherencias hay en la historia, qué cosas no tienen sentido, qué cosas se quedan colgadas… Voy apuntando esas cosas para, una vez me ponga con la novela, tenga algo a lo que aferrarme.

Después de esta lectura, comienza la corrección/reescritura en sí. Pongo las dos porque depende del nivel de fallos o cosas que tenga que arreglar, puedo coger los capítulos en bruto y corregirlos en base a lo que ya tengo o usarlos de cimientos para reescribirlos. Así es como funcioné con La casa de los artistas y la versión final tiene escenas exactamente iguales al primer borrador, a excepción de algunas pequeñas correcciones, y otros capítulos que solo tienen la idea del primer borrador de base.

Ahora ya tengo lo que se podría llamar el «segundo borrador». Dejo un par de días o tres de descanso y lo releo, esta vez fijándome en los pequeños detalles que he podido pasar por alto en la primera lectura y corrección. Aquí soluciono las pequeñas incoherencias que han podido aparecer en la revisión y algunos detalles de la primera versión.

Y ahora, ¿qué? Pues yo ya he terminado mi proceso de corrección más «gordo». La novela ahora está en mano de los lectores cero (que si queréis saber más, Paula Gallego tiene una entrada sobre ello que podréis leer aquí). Ellos me darán una crítica desde el punto de vista de alguien que no ha leído y releído la misma historia mil veces, así que aquí se vuelven a detectar fallos que nosotros, como autores de la novela, no hemos visto o no hemos considerado errores.

Luego, por supuesto, podemos mejorar la novela si creemos que con esto no ha sido suficiente, pero tenemos que encontrar un equilibrio porque nunca nos va a parecer perfecta y podemos entrar en un bucle de corrección del que no podremos salir. Hay que saber cuándo parar (y yo todavía lo estoy aprendiendo).

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Y hasta aquí la entrada de hoy, espero que la disfrutarais y os fuera de ayuda. Nos vemos pronto con actualizaciones en un «Escrivivir».