Creo que no podía ponerle más paréntesis al título de esta entrada y creo, también, que no podría ser más fiel a lo que quiero hablar hoy.

Si me seguís en Instagram o Twitter, seguramente ya sabréis que estoy participando en el CampNaNoWriMo de abril de este año. Mi proyecto, el mismo que ha sido durante los últimos años, es el Proyecto Destino (tenéis más información por aquí). Si no sabéis muy bien lo qué es esta iniciativa, os dejo también la entrada que escribí en abril de 2018 en el que lo explico un poco más, pero a grandes rasgos es un reto de escritura. Y como cualquier reto de escritura, tiene sus lados buenos y sus lados no tan buenos y puede ir muy bien o ser un desastre.

Y si eres como yo, puede ser todo eso a la vez.

Porque sí, sigo presentándome a todos los NaNoWriMo y a todos los CampNaNoWriMo, a todas sus ediciones y en todas sus modalidades. Tengo una parte en mí que disfruta de lo lindo con los retos y, se mire por donde se mire, este tipo de iniciativas se pueden exprimir muy bien para aprovecharlas al máximo. Me encanta la comunidad que se crea en redes sociales, me encantan los sprints, escuchar hablar de otros proyectos y otras metas. Eso me anima mucho a seguir con mis proyectos y a intentar alcanzar mi meta. A veces dejo que mi lado más “competitivo” salga a la luz y me gusta la sensación de avanzar.

Pero a veces no es posible. Es muy difícil (muy difícil, recalco) que una persona se mantenga en el mismo estado de ánimo, mental y estado en general a lo largo de un mes entero, una semana entera o, incluso, un día entero. Así que, en mi opinión, es muy difícil mantener un reto de este nivel y que no termine por ser frustrante. Y nadie quiere que algo que nace de la necesidad de escribir y avanzar y disfrutar se convierta en una carga y en un sufrimiento.

Soy consciente de que la escritura es para muchas personas (y, de alguna forma, me incluyo) un trabajo y que como tal no siempre va a resultar agradable. A veces no queda más remedio que sentarte delante de la hoja en blanco y enfrentarla y sudar del esfuerzo. Pero eso ya lo hacemos de normal y no creo que sea necesario apuntarnos a un reto para que, si por algún motivo (que somos personas cambiantes, por ejemplo) no conseguimos alcanzarlo, nos hundamos más de lo que estábamos antes de empezarlo.

Así que estas iniciativas me parecen un arma de doble filo. Hay que trabajar una relación muy sana con la escritura para que, como a mí, sirvan para avanzar. Si os lo preguntáis, ni siquiera recuerdo si he ganado alguna vez el reto. Porque he aprendido a vivirlo de otra forma y he aprendido a apreciar y utilizar todas sus herramientas para avanzar sin fijarme en cuánto he avanzado o en que no he avanzado lo suficiente (lo suficiente, ¿para qué?).

No te sientas mal si escribir rápido no es lo tuyo (lo mío tampoco), o si contar las palabras tampoco lo es. Si te gusta sentarte y no fijarte en cómo pasa el tiempo o en cómo se agranda el manuscrito. Y tampoco te sientas mal si el NaNoWriMO (o “inserte aquí cualquier otro reto”) sí que es para ti y te funciona y lo disfrutas.

Al fin y al cabo, eso es lo importante.